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Los Rascadores: Un mundial muy decepcionante

miércoles, diciembre 06, 2017

Un mundial muy decepcionante



Tenía muchas esperanzas puestas en el Campeonato del Mundo de Bowling de Las Vegas. Cuatrocientos jugadores y jugadoras, decenas de selecciones, algunos de los mayores talentos de las últimas dos décadas en pista. Un marco espectacular. Una ciudad con una enorme tradición en este tipo de grandes eventos deportivos. Organizado por el USBC. Y ha sido muy decepcionante.

Diez días tremendamente fríos, sin ningún público y con finales desangeladas, en las que apenas había 30 personas o 40 en cada lado de la bolera. Sin la menor repercusión en medios de comunicación (salvo una entrevista/perfil realizada de forma atemporal a Shannon O’Keefe en el Wall Street Journal y centrada más en su faceta de atleta y rompiendo tópicos que en el deporte en sí). Lo explicaba en su cuenta de Facebook el jovencísimo presidente de la federación finlandesa, Perttu Jussila, integrante él mismo de la selección suomi hasta hace muy poco.  No había un solo cartel no ya en la ciudad, sino en el propio y gigantesco casino que indicara que había un campeonato del mundo. Nada, cero.

El nivel de apatía es tal, que en el casino había una segunda bolera, de otras 60 pistas, en la que todos los días había ligas muy grandes, con decenas de equipos de tres y cuatro jugadores. Jussila fue varias veces a preguntar por allí, y absolutamente nadie tenía la menor idea de que hubiera un Mundial a unos cientos de metros.

La bolera del torneo es fantástica. Las pistas han sido espectaculares, prácticamente ningún fallo de máquinas ni bolos en los carriles o algo parecido. Un patrón complicadísimo y apenas dos problemas con el orden de los jugadores en las rondas finales y poco más. Pero a pesar de disponer de las instalaciones más brutales que he visto nunca, no se aprovecharon en absoluto.

Había salas por todas partes, y salvo la organización que puso un pequeño puesto con cinco o seis tipos de camiseta o sudadera, y STORM, que en los últimos días hizo lo mismo (camisetas, sudadera, limpiadores de bolas, saquitos y dos mochilas), cero productos para vender. El pro-shop estaba en la otra bolera, a seis o siete minutos caminando. Colocaron un spinner en una mesa y basta.



Un fracaso absoluto para la publicidad, el merchandising, las ventas, la afición. Si en Las Vegas las marcas, todas ellas, son incapaces de poner puestos con todo tipo de material, no sé dónde lo podremos ver.

Para acentuar todavía más el contraste, los  últimos tres días empezaron a llegar a la ciudad los cowboys para uno de los eventos más importantes del año de rodeo. Están también dos semanas y mueven a cientos de miles de asistentes y millones de dólares en premios. En la zona del casino en la que se iban a celebrar las World Series of Team Roping , una de las pruebas, había un cartel enorme, de tres metros de alto, simulando una entrada. Y en él se podían ver decenas de marcas de patrocinadores.

La parte audiovisual merece capítulo aparte. Una de las genialidades de la organización y el World Bowling Congress, por cuestión de derechos de imagen, fue prohibir a los jugadores, delegaciones y públicos que hicieran vídeos del torneo y los colgaran en redes sociales. En la práctica todo el mundo hizo lo que le dio la gana, pero en lugar de precisamente fomentar que se hiciera la mayor difusión posible, que la gente grabara y difundiera a sus jugadores favoritos, que se hiciera todo lo posible para que los resultados, las estrellas del torneo se conocieras, quisieron cercenarlo. Qué disparate. El streaming era de buena calidad, pero sin comentarios y limitado a un lado de la bolera cada vez.



No todas las críticas son para la organización. Que no iba a haber mucho público era obvio viendo lo ocurrido toda la semana. Pero que decenas y decenas de equipos no se molestaran en bajar par ver las finales, o al menos algunas de ellas, es decepcionante. Ocurre lo mismo que en los torneos de España, tanto los nacionales cuando la gente se va cada vez antes a su casa, como los internacionales. Cuesta entender que teniendo la posibilidad de disfrutar de los mejores jugadores del mundo, de aprender una barbaridad durante horas y horas, la afluencia sea mínima.


Es gratis, es divertido y es casi un deber si queremos que nuestro deporte se aleje de la marginalidad. La federación holandesa colgaba en Facebook imágenes del recibimiento a su equipo en Ámsterdam, incluyendo a su flamante medalla de oro en individuales. No sólo cámaras, sino decenas de personas. Ése es el camino.

Entre todos matamos el bowling y él solito se murió.

1 comentario:

Bira Teodoro dijo...


Es muy triste leer tantas líneas verdaderas.